Después de un par semanas con el presentimiento de nuevamente estar deslizando en el tobogán de la autodestrucción, me encuentro girando, cambiando de polaridad, en una vía de escape a la caída que esperaba solo a unos metros. Un giro afortunado que ocurrió mientras iba a comprar sal en el supermercado.
Al coger la bolsa de sal, me doy cuenta que esta rota en un costado por donde caen los pequeños granos al piso, automáticamente mi cerebro entra en alerta y pienso; Esta es la señal, sí… la señal que faltaba para convencerme de que estoy en el ascensor rumbo al sótano!. Dejo la bolsa de sal en el anaquel y sigo caminando, tomo un cartón de huevos y recuerdo que en veinte minutos es el draft del fantasy baseball, mejor hago una llamada, no vaya ser que arranquen el draft sin mi; Solo que, cuando busco el teléfono en el bolso no lo encuentro, aunque recuerdo haber hablado con mi amigo justo antes de entrar al supermercado. Claro, si hable con el cuando me estaba bajando del carro, osea que en el carro no está. Coño! bote el teléfono! donde lo habré dejado? al lado del carro? sera que se cayó cuando lo intente meter en el bolso? cuando me agache para tomar la cesta del supermercado? pero no sonó cuando cayó!. Todas esas ideas corren en menos de tres segundos por la cabeza de quien pierde su teléfono y agenda de trabajo. Voy corriendo al carro y nada, cuando me rindo de buscar en el carro me ataca la superstición y pienso otra vez en la bolsa de sal rota, que para este instante era casi una epifanía de lo que vendría a un par de pasos, regreso al anaquel de los condimentos lo mas rápido que puedo, suficiente pero no tanto como para que la gente se de cuenta que perdí algo, ah…! no vaya ser que venga uno mas pilas que yo y se lo lleve. Es en ese momento donde realmente me debo haber visto ridículo, actuando como un detective encubierto pero con una camisa amarilla que dice undercover.
Cuando voy de salida con la moral baja, preparando el discurso en casa… el vigilante del super me muestra el teléfono y dice; es esto lo que buscas, creo que esta temblando este aparato, tengo mi teléfono en vibrar siempre por las grabaciones, si! ese es mi teléfono señor, le digo con amabilidad pero con firmeza no quiero que dude que es mío, el chamo de las bolsas lo encontró en el anaquel de la sal me comenta. (musiquita Twightlight Zone) sonrío, agradezco y doy un apretón de manos al muchacho de las bolsas que encontró mi teléfono. El estaba sonriendo mientras uno de sus compañeros hizo un gesto de disgusto, desaprobando su generosidad y su acto de decencia al devolver un teléfono que cuesta mas que lo que ganan en dos meses de trabajo cargando bolsas de supermercado. Todo eso pasa entre repique y repique, hago un panéo visual y sigo con la llamada, era mi amigo estaban apunto de empezar el draft, pero me aseguro que no había problema, ellos esperarían por mi. Finalmente, compro la sal y el cartón de huevos. Al salir busco al joven samaritano dudando si darle alguna recompensa, no quiero que se ofenda pero si quiero que sepa que estoy altamente agradecido. Le doy otro apretón de manos y le digo, por favor acepte este regalo, el cordialmente acepta el dinero mientras yo me voy pensando que era mas alto la segunda vez que lo vi que la primera, como si sus acciones multiplicaron su tamaño, ahora mi despedida era con un tono suave, se podría decir que reverencial, como cuando se esta frente a una gran personalidad. Ya de regreso a casa, suena el teléfono y son buenas noticias, ahora con la sonrisa completa y la seguridad de estar en el ascensor que sube a la azotea.
AGJR -) )
